Una Verdad que tarde o temprano comprobará el Hombre…
Será la CONCIENCIA lo que definirá nuestra forma de actuar y de optar en la vida.
La vida está repleta de opciones y condiciones que se ponen ante nosotros. Somos nosotros mismos quienes optamos entre lo bueno y lo malo, según sea el caso. La conciencia posee en el Hombre esa libertad de actuar según lo que cree que es verdad o mentira ante él. Ahora, toda esa verdad y mentira queda sujeta a su persona, quien definirá en conciencia lo que lo llevará a hacer lo correcto. La voluntad en el Hombre siempre está supeditada a otras prioridades que son inherentes a la realidad de este mundo, de lo inmediato que lo rodea y de donde se ha desarrollado, y no ve nada más certero que lo que ve en su realidad.
Pero la ‘Realidad Verdadera’ que se puede palpar tangiblemente, no es algo que se pueda comprobar al momento, es algo que por fe mantiene al Ser humano unido a un hilo permanente de conexión con lo invisible e intangible que le demuestra interiormente que esa Realidad tiene certezas en su vida y que le insta a decidir en conciencia y en armonía con la perfección de lo Divino: EL ESPÍRITU.
Entonces, las realidades son dos, y estamos en lucha permanente entre dos fuerzas que intentan tomar la conducción del Hombre en este mundo, y de lo cual el único responsable es y será el mismo Hombre: hablamos del Bien y del Mal. Cuando esta conducción sea habida por su espíritu, y aceptada en su Realidad, pasará el espíritu como Ley a Gobernar la Buena Voluntad del Hombre que posee un designio esencial para lo cual fue llamado. En definitiva, es una Realidad que es Luz y Mutación, y despierta en el Hombre aquello que se ha constatado en vida pre-terrenal y que se verificará en su espiritualidad tangible en el mundo, y más concretamente en su entorno, en el ámbito donde se desarrolla.
Porque cuando la Realidad Espiritual se ve y se vive como es: VERDAD DE VIDA, y los Hombres dejamos de razonar con dogmas y paradigmas, apoyados siempre en doctrinas razonables, o argumentando verdades mundanas o de historia conocida… quedamos claramente ante una disyuntiva personal. Y quizás de esta Realidad muchos escapan, y las Religiones no han querido comprobar entre los muros de los secretos que ocultaron y que, a pesar de esta entrampada, el Hombre llegará a la VERDAD y se dispondrá a vivir esa VERDAD que lo hará LIBRE. Dicho de otro modo, todo se hace nuevo y Verdadero desde lo real de una vivencia espiritual, que el Hombre comprobará tangiblemente estando en el Camino que insta al Orden de Cristo. Y esta religiosidad no se apoya ni sujeta en algo concreto de este Mundo pasajero, sino que en el Templo interior que Cristo edificó en Tres Días, una Realidad Superior que el Ser Humano tiene para trascender. He ahí la Piedra Fundamental de toda Vida intangible que vive en el Hombre, y que se concreta tangiblemente a través de su fe y religiosidad.
Vivimos para que esta opción sea una realidad en cada uno de nosotros, y si Cristo Dios es la Resurrección en estos días, quien más que Él nos podría mostrar Su Poder y dádiva que eleva la condición del Hombre antes caído, y que hoy, rehabilitado, está camino a la liberación definitiva que sólo un Dios otorga. Sin embargo, el Hombre nunca llegará al sumo de esto sin resumir la ‘Verdadera Verdad’ de Cristo en su Realidad Espiritual. Este es el único Camino y opción para vivir la Realidad de un Dios Vivo y Salvador personal en nuestras vidas.
Con la conciencia de esta Verdad, el Hombre elevado comprobará que la Resurrección ya no es un misterio ni algo permanentemente intangible, y podrá vivirla como la Nueva Vida que es, porque podrá verificarla gradualmente aún estando en este mundo, en su encuentro personal con Quien Es la Vida Misma y posee sus Llaves: Cristo Dios. Y quienes se han adueñado de una realidad que no conocen ni han visto… es mejor que se mantengan alejados del Orden que no conocen, porque de haberlo vivido, no alzarían palabras y leyes por sobre una sola Ley que es Dios en estos Tiempos de cierne.
Vivamos esta realidad con humildad y aceptemos que solamente Dios, no los Hombres, podrá elevarnos y conducirnos a Su Casa e Instancias Celestiales. Porque finalmente TODOS Resurreccionamos, pero la plenitud de esta Nueva Vida dependerá de lo que nosotros hayamos sembrado en este mundo para alcanzar instancias más superiores (o más inferiores). Porque nadie podrá llegar alegando instancias Celestiales de acuerdo a propios méritos y voluntad, y que no están en el Orden de lo que el espíritu insta, cuan Ley de Obediencia permanente, en cada decisión que el Hombre enfrente. Si el Juicio es de Cristo, entonces luchemos porque no nos considere un ‘hacedor de maldad’, y sí alcancemos la Voluntad del Padre que está, justamente en nuestro espíritu. Y si no hay fe, o no es lo suficiente, su debilidad hará que al primer combate el Hombre se desmorone, ya que no sustenta en sí la conciencia de esta Ley… que inevitablemente comprobará en el paso por la muerte. De nosotros depende que sea más temprano que tarde.
Publicado el 17 julio, 2011 en EL ESPÍRITU EN EL SER. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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