Un rescate a la Inocencia escondida
Cuando hemos caminado mucho en la vida sin darnos cuenta que hemos dejado parte importante de nuestra inocencia, y no le hemos dado paso a esta naturalidad que nos ha vivido y de la cual nos hemos alegrado y gozado… viene a nosotros un recurrente recuerdo de antaño donde hacíamos muchas cosas sin mayor intención, siempre pensando en divertirnos y sonreír mucho, dejando paso a nuestra creatividad sin límites porque no coartábamos esa libertad de expresarnos y desarrollarnos en lo que más nos gustaba.
Sin embargo, en el transcurso de nuestra vida nos vemos mermados por diversas preocupaciones y exigencias que el mundo nos impone. Porque las obligaciones y deberes con el mundo han dejado atrapado y sin movimiento eso que nos mantenía alegres y divertidos, al permitir nosotros que el mundo tome el control en el resto de nuestra vida. Así, todo lo organizamos en base a lo que el mundo exige y que muchas veces nos acomoda, haciéndonos ya parte de esto que nos esclaviza hasta agotarnos.
Pero ¿cómo rescatamos esa forma de ser y hacer con tantas responsabilidades y preocupaciones del hoy? No se trata de asumir una actitud de inmadurez o irresponsabilidad, ni mucho menos, se trata de reconocer que cuando éramos niños todo lo hacíamos sin intención, sin cálculos previos; con alegría; no arrastrábamos odiosidades ni rencores cuando las cosas no resultaban como queríamos, así pronto nos olvidábamos de lo que nos resultaba difícil o penoso y dábamos paso a lo nuevo que se nos presentaba con gran entusiasmo; éramos leales a nuestros amigos con quienes caminábamos abrazados; no habían diferencias cuando el otro tenía un mejor juguete, todo lo compartíamos; a lo simple le dábamos el mayor valor, y nuestro mayor valor era ser simples … en fin, era vivir el día a día sin preocuparnos por lo que iba a pasar en el mañana: ÉRAMOS LIBRES.
No pocos le preguntan a Dios el por qué la infancia es tan corta, cuando en ésta hemos disfrutado de años maravillosos. Otros se habrán preguntado el por qué fue tan larga, cuando han sido víctimas de abusos o de violencia. Cualquiera haya sido la situación, interiormente igual no se encuentra explicación de estas supuestas ‘injusticias’ de Dios.
Así, llegamos a la edad adulta sin haber tomado conciencia de que todo lo que vivimos fue para APRENDIZAJE, para ‘marcar’ en nosotros esa forma sabia de ver la vida, para entender que esa forma de vivir y sentir es lo más cercano a lo que Dios y Su Reino Es. Es por eso que quien hace daño a un niño, y violenta su inocencia, “a Mí lo hacen” dice Cristo, y a Su severo Juicio se enfrentan. Y como Cristo lo hace todo perfecto, aunque no se quiera asumir, los niños son, al mismo tiempo, los MAESTROS de sus padres y personas cercanas.
Así, muchas veces el mundo nos lleva a hacer por inercia lo que otros hacen, y no lo que nuestro interior nos dicta, caemos presa del autoengaño, ahogando lo que más debiéramos amar y obedecer: a nuestro ESPÍRITU: el Maestro que se manifestó en la infancia, el Inocente que aún sigue escondido. Esta es la forma más natural de volver a lo que un día nos cautivara con tanta alegría y nos mantenía en Inocencia viva. Esta es la forma de ser sabios hoy.
De igual forma, cuando nos sentimos tristes y abandonados, no recurrimos a este Niño Interior que en lo inmediato se manifiesta para entregarnos un aliciente cobijo. Y esto sucede porque simplemente o no hemos tomado conciencia que existe, o no creemos que exista, o preferimos resignarnos a creer que esta inocencia nunca volverá. De esta forma seguimos sin ‘rescatarnos’ de lo que nosotros mismos nos hemos esclavizado, y no nos damos un respiro, un alivio tan necesario, para que sin intención logremos volver a nuestro lugar de regocijo, reencontrándonos con lo de antaño, con esa Inocencia que yace dormida y quieta, y que nosotros mismos no hemos ido a su rescate.
Un niño Consagrado tiene la oportunidad de prolongar y proyectar su inocencia a través de toda su vida; y de acuerdo a la Ley de Cristo, puede optar a los 18 años en libertad y conciencia por Pertenecer a Él. El Camino de Consagración y Sabiduría que Cristo propone al Creyente adulto, es en su esencia el retorno a la Inocencia, a la pureza del espíritu, es el RESCATE de nuestro REDENTOR, para que desde esa entrega y opción seamos buenos discípulos de Su Sabia Guía que nos conduce hacia la Voluntad del Padre.
Volvamos a lo de antaño, y regocijémonos en aquello que nos mantenía lejos de la opresión del mundo… y más cercanos a lo que nos vive: “el Espíritu”.
Mateo, Cap. 18, 1 al 10:
“En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: – Vamos a ver, ¿quién es más grande en el Reino de Dios? Él llamó a un criadito, lo puso en medio y dijo:
-Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como estos chiquillos, no entraréis en el Reino de Dios; o sea, que cualquiera que se haga tan poca cosa como el chiquillo éste, ése es el más grande en el Reino de Dios; y el que acoge a un chiquillo como éste por causa mía, me acoge a mí.”
I Ching: Signo 25: La Inocencia:
“El Hombre recibe del Cielo su naturaleza originalmente buena e inocente para que lo guíe en todos sus movimientos. Si el hombre se entregase a esta índole divina actuaría limpia, sencilla y rectamente con instintiva certeza.”
Publicado el 17 julio, 2011 en LA INOCENCIA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

Dejar un comentario