Nada es posible fuera del Orden de Dios

Todo compromiso adquirido en la realidad de este mundo tiene un efecto en el aquí y ahora, en lo inmediato de la vida, en donde es la misma persona quien le da la validez para que se lleve a cabo y alcance un logro que le permita sentirse ‘seguro’ y ‘feliz’: el compromiso con la familia, que es loable y comprensible; con el trabajo fuera y dentro del hogar; con nuestras amistades y el entorno social; y en general, con lo que se puede ver, palpar y sentir. Si somos responsables haremos todo lo posible por no fallar ni eludir esto que se ha pactado, porque se sabe de sus efectos al no cumplirlos.

Esta realidad, que se le ha dado un gran valor, porque es parte de un rol inevitable en esta vida, puede poner al Hombre como ‘esclavo de sus dependencias’, porque el mundo y su orden le dicta que todo puede ser ‘propio’ y ‘controlable’: se depende del TENER… y ojala tener muchas cosas, tener una pareja, tener una buena casa, un buen auto, un buen sueldo…; y el POSEER… poseer un control sobre otros, un poder sobre otros, poseer dominio de los sentimientos de los demás, incluso de la pareja y los hijos, el ser un líder que posea un buen grupo de seguidores… y sin darse cuenta el Hombre cae en el oscuro juego de la ‘posesión’ que nada tiene que ver con lo que Dios Es.

 

 

 

 

 

 

Efectivamente, los grandes pilares que han sustentado las luchas para obtener las satisfacciones en este mundo han sido desde siempre: el Dinero y el Alma (psiquis, deseos, pasiones, seguridad emocional). ¿Se podría asegurar que estos tipos de compromisos han estado fuera de compensar o lograr la supuesta felicidad en alguno de estos dos aspectos?

Cuando la persona adquiere un compromiso, pero se encuentra en un estado de necesidad, o de urgencia, o de ánimo por los suelos, o cuando un hecho no se puede solucionar con las propias manos y queda fuera del propio control… se acuerda de Dios, y con Él adquiere un compromiso en medio de dicha aflicción. Sin embargo, luego de pasado el hecho, muchas veces su mente frágil le hace olvidar ese compromiso, porque en su ‘negociación’ con Dios se da la libertad de cumplir o no. O si nada juramenta o pacta con Él, o sólo pide, es porque cree que nada depende de su relación con este Dios que no lo siente ‘tangible’, o porque tampoco siente que algo lo una a Su Voluntad. De cualquier forma, muchas veces es la persona quien se atreve a regular o condicionar en conciencia los efectos de lo que está solicitando imperiosamente a Dios. Porque si se pide que un hijo se sane de una enfermedad grave, por ejemplo, y se sana… es posible que se cumpla con lo que se prometió a Dios; pero si no se sana… se cree entonces que Dios no escuchó o no cumplió con Su parte de satisfacer siempre lo que se le pida, y por lo tanto, el soberbio se toma la libertad de deshacer su compromiso con este Dios tan ‘caprichoso’. Esta es la trampa que incentiva el Mal a creer… como si Dios no conociera el corazón del Hombre que sólo pide y pide y nunca se termina de satisfacer.

Es curioso que el Hombre tema más fallar en sus compromisos con los entramados de este mundo que con Dios, siendo que es el mismo mundo el que lo empuja en un torbellino de desear y desear, de tener y tener… que finalmente lo lleva a caer y caer hacia donde el Mal quiere que esté: en un permanente Torbellino Emocional.

He aquí la trampa que hunde al Ser en las dependencias; este es el campo de batalla de los muertos, quienes en su paso por la muerte sentirán que todo lo que tuvieron y poseyeron fue nada más que una ilusión, o querrán volver a este mundo para recuperar lo que en verdad nunca tuvieron. Bueno, si se quiere seguir siendo ‘poseído’ por el Mal, y seguir sufriendo incluso después de la muerte… es una opción en la Libertad que el Reino de Dios entrega al Hombre.

Lo del Reino de los Cielos es la consciencia de que todo lo que tenemos y necesitamos para nuestro diario vivir ES de Dios, y por lo tanto ‘entregamos’, ‘devolvemos’, a este mismo Dios lo que hemos considerado de nuestra propiedad, para que sea Él mismo quien nos brinde Sabiduría para Comprometernos en Administrar lo que en Su Generosidad y Justicia nos permita tener cuan Mayordomía: de ese Orden hablamos.

En el mundo los compromisos son para el aquí y ahora. El Compromiso con Cristo es para lo Eterno.

En el mundo hay dependencias que amarran, hay desorden y caos. En Cristo hay Orden y Trascendencia.

Entonces, si se quiere adquirir Compromisos en nuestra vida que se encaminen de acuerdo a un Orden Superior, el Ser debe disponerse con Buena Voluntad a derribar lo antiguo en pos de lo Nuevo, una disposición a ver y escuchar desde el espíritu: debe Nacer de Nuevo por Agua y por Fuego: un Agua que purifica un pasado y un modo de ser a la manera del mundo que aprisionado tiene al Hombre en sus compromisos; un Fuego que no quema sino que funde al Ser a su Espíritu que es Dios viviendo en él. Porque es el espíritu, lo Divino viviendo en el Ser, quien tiene las respuestas para dirimir esta Verdad que desata toda mancomunión que con el mundo se ha negociado, y es quien en definitiva lo liberará de dependencias, de autoridades que se imponen para ahogar y aplastar la propia libertad que yace en el interior como Salvación, y para no caer en el entrampado mundo del aniquilamiento que tergiversa y obnubila toda certeza que en el interior está. Es el espíritu que vive en el Hombre lo único leal y abnegado que Trascenderá a su lugar de origen, porque se ha Comprometido más allá del aquí y ahora.

No se debe condicionar este Compromiso con Dios que da un realce a la propia calidad de vida, en donde no habrá preocupación ni inseguridad que permanezca muchos años. Será un Compromiso de Pertenencia que brindará bienestar para favorecer los asuntos que son inherentes al espíritu como labor primordial: porque espíritus somos antes que carne.

En lo inmediato, en el mundo en que nos encontramos, todo lo que se tenga y emprenda podrá ahora sí estar bajo el Orden de lo que espiritualmente se Es, bajo sus dones y capacidades, y así no cometer el error de servir al mundo con sus condiciones y exigencias, sino que para entregarlos en beneficio de lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Entonces, la casa donde se vive Es de Cristo, por lo tanto, se Administra bajo esa visión de Mayordomía: se cuida, se mantiene limpia, se paga su costo o su arriendo con el sustento que el mismo Cristo brinda… porque también se ha he puesto en Sus Manos. Sólo de esta forma estará protegida, aunque un terremoto la sacuda, o esté rodeada de ladrones… porque nada es más fuerte ante lo que de Cristo es.

Ya los Nuevos Tiempos están ante todos nosotros, y se evidencian las Tribulaciones que remecen la vereda del frente y la propia. Ninguna seguridad del mundo se obtendrá si no se Pertenece al Reino en el Orden que Dios ha establecido: esto es Consagración, una purificación de hombres y mujeres que se preparan para la Segunda Venida de Cristo en Su Potestad Divina y el descenso del Tiempo Santo del Milenio de Paz.

Publicado el 17 julio, 2011 en CONSAGRACIÓN A DIOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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