Búsqueda Espiritual
Ha pasado ya un tiempo en nuestras vidas y hemos caminado en este mundo luchando por alcanzar metas que satisfagan nuestras propias necesidades, tratando de obtener la autorealización, la tan ansiada “felicidad permanente”, involucrando en esta carrera a todos los que consideramos como “míos”… no importándonos muchas veces si ellos también quieren ser partícipes de esto. Sin embargo, pareciera que esto no se concreta o no se concretará nunca, y ante este desánimo y vacío, empezamos a escuchar una “voz interior” que clama por entregarnos respuestas. Y así, quizás sin darnos cuenta, casi como una reacción instintiva acudimos a algo o a alguien que se “relacione” con lo espiritual, porque parece que por ahí nos pueden dar respuestas… o al menos consolarnos de lo que sufrimos, o, por último, pertenecer a alguna institución junto a otros y ayudar para sentirnos bien. O quizás, en esta “búsqueda espiritual”, nos vemos golpeando puertas en las distintas iglesias, partiendo seguramente con la que se nos bautizó cuando éramos niños, sin conciencia de lo que estábamos haciendo, ni para qué nos podría servir, y si no encontramos respuestas a nuestras inquietudes tan válidas, o si lo que vimos dentro no era coherente con lo que profesaban, golpeamos la siguiente puerta, y así… hasta que se nos acaban. Quizás en alguna de ellas encontremos cobijo a nuestras propias necesidades, o podamos desde allí servir a Dios según lo que nosotros creemos que “sirve” a Dios, de acuerdo a lo que las mismas iglesias de éste mundo nos han inculcado desde siempre.
Sin duda alguna que todos somos distintos, pero no lo somos solamente porque físicamente, o mentalmente, o instintivamente actuamos en diversidad de maneras, sino porque, fundamental y Verdaderamente nuestros Espíritus son distintos, a pesar del origen Divino común. Porque somos: Cuerpo (lo físico), Alma (la psiquis, lo instintivo, etc.), y ESPÍRITU, y éste Espíritu es: DIOS VIVIENDO EN MÍ, un Dios Vivo que se manifiesta en mí, que no tiene mi edad porque es eterno y su origen está en la raíz de todo lo creado, y ha estado morando en distintos cuerpos, en distintas vidas, porque es el YO Verdadero, y no esta realidad cuan hombre o mujer que somos hoy; y hoy se hace conciente en nosotros, porque esa es la voz que hemos escuchado desde siempre y que quizás nunca le pusimos atención, porque esa es la forma en que el Reino del Dios Vivo se empieza a manifestar en nosotros. Porque, justamente, el TEMPLO, el lugar donde mora el Espíritu… y no las construcciones de piedra que JesúsCristo destruyó en los tres días de su paso por la muerte… somos nosotros mismos cuando tomamos conciencia de esta Verdad. Y si este mismo Espíritu nos lleva a reencontrarnos con su misma esencia, fuera de las iglesias de éste mundo, y nos hace tomar conciencia precisamente de que “DIOS ME VIVE Y ES EL ESPÍRITU QUE ME HABITA”, habremos culminado nuestra búsqueda.
Entonces debemos de NACER DE NUEVO para iniciar el Camino hacia el “Ser y Hacerla Voluntad del Padre Dios”, sellada en este mismo Espíritu que nos habita, y no lo que subjetivamente creemos que debemos hacer. Y éste Camino es el Sacerdocio, y nuestro Sumo Sacerdote Celestial ES CRISTO, porque Él mismo ya lo declaró: “Yo Soyla Resurrección yla Vida; el que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca”. Y esta Vida que Él nos revela, no es la que pasamos por éste mundo sin conciencia de lo que espiritualmente somos, luchando por lo que no trasciende, auto-contemplándonos en el dolor y sufrimiento porque Jesús también sufrió… ¡por favor!, sino quela Vida En el Espíritu, con Conciencia, con Fe, con Entrega y Obediencia a un Reino Vivo, Presente y Cercano. Porque quienes han impuesto una cultura religiosa basada en el “dolor” de JesúsCristo en la cruz, imponiéndonos un sentido de culpabilidad por esto, desconocen la Victoria de la Vida sobre la muerte cuan esencia Salvadora, y la alegría de la Nueva Condición espiritual del Hombre (la Buena Nueva) que nos eleva, y que por Gracia y Misericordia la recibimos de nuestro Dios de Amor que jamás nos hará pagar por su dolor, ni nos somete en la “culpa”, sino que se sacrificó por todos nosotros en su persona justamente para evitar que sufriéramos como Él.

Porque Cristo ya está por volver, y será pronto, y en Su Juicio nos preguntará si hemos hechola Voluntad del Padre: Juicio de Vivos para quienes si, Juicio de Muertos para quienes no. ¿Estamos preparados para este inevitable reencuentro?
Publicado el 17 julio, 2011 en CONSAGRACIÓN A DIOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

Dejar un comentario